miércoles, octubre 19, 2005

Marginados por laicos - por Milagrosa Carrero Sánchez
Enviado por: redaccion

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¿Para cuando las administraciones locales, que tan alegremente ceden terrenos para hacer iglesias, van a ofrecer un “Templo Laico”, un espacio solemne, y preparado, con su órgano y su púlpito, diseñado al efecto para este tipo de ceremonias?.

Cartas de los lectores
Marginados por laicos - por Milagrosa Carrero Sánchez

Mi boda fue una de aquellas primeras ceremonias laicas en las que el Juez ni tenía que aparcar para casarte, te leía unos artículos, te hacia firmar y se largaba. No había beso, ni música, ni anillos, y lo peor eran los locales. Todo se resolvía rápidamente en una salita con seis u ocho pequeños bancos. Para más inri, como una especie de castigo, no había padrinos, en su lugar los testigos, y los pocos invitados que cabían en el recinto, apenas contemplaban desilusionados la ceremonia, si hubiera podido llamarse ceremonia a la lectura de un par de artículos del Código Civil. Todo aquello parecía diseñado para disuadir a los contrayentes. Nada parecido a un altar mayor sembrado de flores, mientras el órgano inunda la cúpula de la catedral con sus conmovedoras notas. ¿Cómo comparar la capacidad de puesta en escena de la iglesia católica, la innegable preparación artística de sus pastores, y la experiencia en embelesar a propios y extraños entre salmos e inciensos, con la sobriedad del acto legal que te ofrecía un señor de negro, al que le has estropeado el sábado, en una sala de audiencias? Recién estrenada la Constitución, con su regalo del matrimonio civil, la gente tenía que casarse por la Iglesia si quería tener una boda lucida, con traje blanco de cola para ella, y etiqueta para él .

Claro, que todo esto ha cambiado ya mucho, con respecto a las bodas. Con tanto divorcio y tantas segundas nupcias, la equiparación de las ceremonias matrimoniales civil y religiosas se ha producido de manera casi espontánea, y en un tiempo record. Ahora los Ayuntamientos y los Juzgados destinan amplios salones a este menester, y puedes optar por que te case un juez, un alcalde, o incluso un concejal, por delegación. Puedes diseñar la boda a tu gusto, por ejemplo: “El cuñado prepara el ambiente con un pequeño discurso, la sobrina nos deleita con unas piezas de violonchelo, y cuando estamos a punto de llorar, tus amigas, de toda la vida, te recitan una selección de tus poemas preferidos, todo ello, eso sí, sembrado de un sinfín de emotivos aplausos, y sin que tengan por que faltar, según las preferencias, varios kilos de arroz o pétalos de rosas”.

Nacer es otra cosa, y aunque la fe, es, según los católicos un Don Divino, un regalo de Dios para sus hijos, si naces en una familia religiosa tienes garantizado además otro regalo: Una preciosa ceremonia de bienvenida al mundo, con su pila de piedra, su discursito religioso, su música y demás. Otra cosa es que Dios no te haya “bendecido” con el “regalo de la fe”, porque, eso sí, la ceremonia de bienvenida al mundo de un nuevo ser humano, parece que se incluye en el mismo paquete, y de momento, el “Bautizo Laico” se considera algo privado, y en pocos pueblos se destina, que yo sepa, algún local adecuado al efecto. Sería bonito que una madre, un padre, unos abuelos pudieran expresar desde un púlpito su alegría, compartir con sus amigos esos sentimientos, con todo el respaldo institucional que merece la ocasión, más ahora que la pirámide de población tiene dificultades para no invertirse. Y seguro que todo esto llegará, pero de momento, si no practicas una religión, la opción es el “convite”, y pagarse para los discursos, un restaurante, con su salón, o agachar la cabeza, y aguantar el “punto” del cura, que a cambio te asegura, eso sí, la solemnidad que el acto se merece.

Otro tanto de lo mismo sucede con la ceremonia que marca el inicio de la pubertad, que equivaldría a la comunión de los católicos. Ya hay quien se lo monta por su cuenta, pero un local para reunirse, con su megafonía, su piano u órgano, sus asientos, su tarima o púlpito para hablar, un lugar adecuado y gratis, proporcionado por las instituciones ¿en cuantos pueblos y ciudades lo hay?

Pero todo esto, que cambia, aunque despacio, se aguanta como se aguantan la presión de ciertos sectores para mantener marginados y ocasionar toda clase de humillaciones a los no creyentes, pero cuando esta torpe desidia se une al hondo dolor en que nos hunde la muerte de un padre, de un hermano, de un hijo... te sientes herido en esa incómoda pero indispensable sustancia que impregna el alma y que llamamos dignidad.

Si el fallecido es alguien importante, todas las instituciones te ofrecen un suntuoso local donde rendir ese último homenaje, con todo lujo de detalles, un espacio de recogimiento donde depositar la música, los versos o las palabras de despedida, de alabanza, y de consuelo, de los amigos pero, para la gente de la calle, ya no es lo mismo. Ellos tienen que conformarse con las frías instalaciones de un aséptico tanatorio, que, por supuesto, también suele ser de pago. Parece que a nadie le importe, que gente buena e integrada, que además paga sus impuestos, no pueda tener una ceremonia de despedida “en condiciones”, si no pasa por el aro de dejar que un cura recite un sin fin de absurdeces, en las que el muerto jamás ha creído, que contradicen sus principios, y ataca el modelo de vida que ha enseñado a sus hijos.

¿Para cuando las administraciones locales, que tan alegremente ceden terrenos para hacer iglesias, van a ofrecer un “Templo Laico”, un espacio solemne, y preparado, con su órgano y su púlpito, diseñado al efecto para este tipo de ceremonias?.

No se trata de quitarle nada a nadie. No estoy hablando de quemar Iglesias. Pido, y espero, que no estará muy lejos ese día en que los contribuyentes no religiosos, también, dispondrán de unas instalaciones laicas, para su ciudad, como disponen de polideportivos o piscinas públicas, en las que cada hijo de vecino pueda celebrar un nacimiento, una puesta de largo, una boda, o sencillamente despedir a sus muertos, tan a lo grande como se hayan merecido. Al fin y al cabo, nuestra Constitución declara la no confesionalidad del Estado, y sólo se trata de que, poco a poco, desarrollemos los mecanismos que hagan posible el cumplimiento de sus elocuentes artículos.

Milagrosa Carrero Sánchez. Cáceres.

Cartas de los lectores. El Inconformista Digital.-

Incorporación - Redacción. Barcelona, 14 Julio 2005.



Publicado en el Inconformista Digital, El periódico Extremadura, y otros

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo nunca las he visto tan bien puestas como ESTAS...